MERCADOS COMPETITIVOS Y NO COMPETITIVOS

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Un mercado perfectamente competitivo tiene numerosos compradores y vendedores, por lo que ninguno de ellos influye significativamente en el precio. La mayoría de los mercados agrícolas son casi perfectamente competitivos. Por ejemplo, miles de agricultores producen trigo, que es adquirido por miles de compradores para producir harina y otros productos. Por consiguiente, ningún agricultor y ningún comprador pueden influir significativamente en el precio del trigo.

Muchos otros mercados son suficientemente competitivos para tratarlos como tales. Por ejemplo, el mercado mundial del cobre contiene unas cuantas docenas de grandes productores. Este número es suficiente para que la influencia en el precio sea significante si desaparece cualquiera de ellos. Lo mismo ocurre en muchos otros mercados de recursos naturales, como los de carbón, hierro, estaño o madera.

Otros mercados que solo contiene varios productores también pueden considerarse competitivos desde el punto de vista analítico. Por ejemplo, el sector de líneas aéreas de Estados Unidos contiene varias docenas de empresas, pero la mayoría de las rutas son atendidas solamente por unas cuantas. No obstante la competencia entre esas empresas a menudo es (¡pero no siempre!) bastante feroz, por lo que el mercado puede considerarse competitivo para algunos fines (pero no para otros). Por último, algunos mercados contienen muchos productores, pero no son competitivos; es decir, las empresas pueden influir individualmente en el precio del producto. Un ejemplo es el mercado de petróleo; desde principios de los años 70, este mercado ha estado demasiado dominado por el cartel de la OPEP (un cartel es un grupo de productores que actúan colectivamente).

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