ANÁLISIS POSITIVO FRENTE A ANÁLISIS NORMATIVO

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La microeconomía se ocupa tanto de cuestiones positivas como de cuestiones normativas. Las cuestiones positivas tienen que ver con la explicación y la predicción y las cuestiones normativas con lo que debería ser. Supongamos que el gobierno de nuestro país estable un contingente sobre las importaciones de automóviles extranjeros. ¿Qué ocurre con el precio de los automóviles y con su producción y sus ventas? ¿Cómo afecta esta medida a los consumidores de nuestro país? ¿y a los trabajadores de la industria automovilística? Estas cuestiones pertenecen todas ellas al reino del análisis positivo. Éste es fundamental en microeconomía. Como hemos explicado antes, las teorías se desarrollan para explicar fenómenos, se contrastan por medio de las observaciones y se utilizan para elaborar modelos a partir de los cuales se realizan predicciones.

La utilización de la teoría económica para realizar predicciones es importante tanto para los directivos de las empresas como para la política económica. Supongamos que el gobierno está considerando la posibilidad de elevar el impuesto sobre la gasolina. Éste afectaría a su precio, a las preferencias de los consumidores respecto al tamaño de los automóviles, su grado de utilización, etc. Para hacer una planificación razonable, las compañías petroleras, las compañías automovilísticas, los productores de piezas para automóviles y las empresas del sector turístico querrían saber todos ellos cual será el orden de magnitud de estos distintos efectos del impuesto. Los responsables de la política económica también necesitarían tener estimaciones cuantitativas de los efectos del impuesto. Querrían averiguar los costes que impondría a los consumidores (desglosados quizá por clases de renta); su repercusión en los beneficios y el empleo del sector petrolífero, del automovilístico y del turístico; y la cantidad de ingresos fiscales que se recaudarían probablemente todos los años.

A veces queremos ir más allá de la explicación y la predicción y preguntarnos qué es mejor, lo cual exige un análisis normativo, que también es importante tanto para los directivos de las empresas como para quienes conciben nuevas medidas económicas. Consideremos, una vez más, el caso de un nuevo impuesto sobre la gasolina. Las compañías automovilísticas querrían averiguar cuál es la mejor combinación (maximizadora de los beneficios) de automóviles grandes y pequeños que deben producir una vez que entre en vigor el impuesto o cuánto dinero deben invertir para que los automóviles consuman menos gasolina. Para los responsables de la política económica, la cuestión primordial será probablemente saber si este impuesto es de interés público. Un mismo objetivo de la política económica (por ejemplo, un aumento en los ingresos fiscales y una disminución de nuestra dependencia del petróleo importado) podría alcanzarse de un modo más barato con otro tipo de impuesto, por ejemplo, con un arancel sobre el petróleo importado.

El análisis normativo no solo se refiere a las distintas opciones de la política económica; también implica la concepción de opciones concretas. Supongamos, por ejemplo, que se ha llegado a la conclusión de que es conveniente estableces un impuesto sobre la gasolina. Sopesando los costes y los beneficios, hay que preguntarse entonces cuál es la magnitud óptima del impuesto.

El análisis normativo se complementa a menudo con juicios de valor. Por ejemplo, la comparación del impuesto sobre la gasolina con un arancel sobre las importaciones de petróleo podría llegar a la conclusión de que el impuesto es más fácil de administrar, pero repercute más en los consumidores de renta más baja. Llegado ese punto, la sociedad debería hacer una valoración y sopesar la equidad y la eficiencia económica. Cuando hay juicios de valor, la microeconomía no puede decirnos cuál es la mejor política. Sin embargo, puede aclarar las disyuntivas y ayudar así a esclarecer y enfocar el debate.




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